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Soy Luz de la Fuente y estoy intentando hacer honor al seudónimo que me fue otorgado.

LA PAZ



¡Cómo hablar de paz! ¿Cómo deprecar un poco de paz si al primer bostezo de la madrugada nos vestimos de malignidad? Todos clamamos sin cesar: ¡Paz! ¡paz! pero no estamos preparados para darle la bienvenida. ¿La razón? Muy sencilla: Navegamos  en el río de la vida en una barca atiborrada de anti valores. Un ramillete de deseos de venganza, envidia, odio, rencor y celos, adorna nuestros corazones. Da vergüenza reconocer que también en él,  florece  el jardín de la hipocresía y la deshonestidad. El engaño y la mentira se posan en nuestros labios y los saboreamos como si fuera un chocolate.
Mientras que sigamos nutriéndonos con este tipo de sentimientos,  jamás la tan mentada y anhelada paz nos  visitará.
Mi pregunta es: ¿Hasta cuándo nuestros ojos seguirán disparando miradas asesinas? ¿Nuestras manos se detendrán algún día para no coger lo ajeno, para no golpear o asesinar a nuestro hermano? ¿Será posible que cese el sonido de palabras ofensivas y humillantes? ¿El orgullo, la falta de perdón, un dìa nos dirán adiós?  ¿Hasta cuándo este mundo seguirá contagiándose de corrupción? ¡He ahí el gran dilema!


HOY HEMOS VISTO MARAVILLAS (Lucas 5:17)

¡

Aconteció un día que Jesús estaba enseñando y estaban sentados los fariseos y doctores de la ley  los cuales habían venido de todas las aldeas de Galilea y de Judea y Jerusalén. Quizás fue una hermosa y radiante mañana  cuando ocurrieron los hechos que narran las Sagradas Escituras. La multitud que rodeaba al hijo de un humilde carpintero  de Belén   era grande, motivo por el cual la gente tenía que ingeniárselas para poder disfrutar de su compañía.

El evangelio de Lucas nos dice que había un paralítico que había escuchado hablar de los milagros de Jesús. Aquel  hombre llevaba muchísimos años postrado, y en medio de sus múltiples sufrimientos comenzó a reflexionar y a escuchar la voz de aquel hombre que sanaba y resucitaba a los  muertos. La fe se fue depositando en su corazón hasta que sintió deseos de ir en su búsqueda. Fue así como pidió a sus amigos que lo bajaran por el techo de la casa.  Jesús al percatarse de su gran fe  le dijo: Hombre tus pecados te son perdonados. Entonces los escribas y los fariseos comenzaron a cavilar diciendo: ¿Quién es éste que habla blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios? Jesús entonces conociendo los pensamientos de ellos, respondiendo les dijo: ¿Qué caviláis en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir tus pecados te son perdonados, o decir levántate y anda? Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico) a   ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa. Al instante, levantándose en presencia de ellos y tomando el lecho en que estaba acostado  se fue a su casa  glorificando a Dios. Y todos  sobrecogidos de asombro  glorificaban a Dios,  y llenos de temor decían: ¡HOY HEMOS VISTO MARAVILLAS!

Si te das cuenta, apreciado lector,  este pasaje nos   revela cuatro  aspectos muy importantes:   Uno de ellos el amor de Dios que está y debe estar por encima de todas  las cosas. En segundo lugar nos muestra su gran poder, ese poder que ningún ser humano jamás podrá tener;  la gran fe de un  hombre que tomó la decisión de acercarse al poderoso de  Israel y el deseo de de encontrar su sanación.   Ahora pienso por un instante en  el tiempo que posiblemente este hombre vivió en su lecho  sin esperanza alguna de recobrar la movilidad de su  cuerpo. De la misma manera, no puedo siquiera imaginar cuán hermoso sería aquel momento en que todos los allí reunidos vieron salir caminando feliz  al paralítico. Me imagino la emoción.  Yo hubiera estado allí, hubiera derramado un relicario de lágrimas, de felicidad.

Querido lector, esas son las maravillas del Señor porque así es su amor.  A él no le importa nuestra condición pecaminosa y  tampoco   mira la magnitud de nuestro pecado; solo quiere rescatarnos y llevarnos a sus amorosos brazos. El paralítico buscó a Dios y lo encontró.  Tuvo fe en que Jesús lo sanaría, y así fue.

Amigo que lees esta historia, quizás no estés en un lecho,  o postrado en una silla de ruedas, pero de repente puedes estar en peores condiciones. De  repente te encuentras tendido en una cama blanda y  cómoda  pero sin poder  conciliar el sueño, y  eso es como si tuvieras enfermo. A veces no quieres levantarte de esa cama tan reconfortante;  no tienes deseos de ir al trabajo, al colegio o a la universidad.  Quieres estar encerrado en tu tristeza y tu soledad. No quieres saber nada del mundo.    Te amarran las dudas, los problemas, los malos negocios, las enfermedades,   y tú,  ahí  sin saber a quién acudir para compartir tus sufrimientos. Pero recuerda que en medio de la tormenta que puedes estás viviendo,  hay alguien  esperando  por ti, y ese alguien tiene nombre propio: “Jesús” porque él  ha hecho, hace y seguirá haciendo maravillosos milagros en la vida de aquellos que lo buscan y  confían en EL.  No me imagino que tipo de parálisis estás sufriendo en este momento,  pero si puedo asegurarte que sea la que sea el Señor está esperando por ti; solo atrévete a ser  imitador de aquel paralítico, asì como yo lo estoy intentando ahora.  Hoy quiero que sepas  que durante muchos años estuve postrada, y no me refiero a una postración física sino emocional y espiritual.   Si supieras que mi vida navegaba en el mar de la indecisión,  de la angustia y el temor, no lo creerlas. Estuve   atada  de manos y pies,  no me atrevía a ir en la búsqueda de mis sueños, de mi crecimiento, porque no creìa en mi, no confiaba en mis capacidades. Ahora quiero contarte que de aquella mujer que fui durante más de cuatro décadas, ya poco queda,  porque un día abandoné la barca del dolor en la cual había zarpado y en la  que  remaba sin rumbo fijo, perdida sin esperanza.  Un día primaveral, igual que el paralítico de Caparnaum,  tomé la decisión más importante de mi vida, "buscar a Dios". Y  hoy me encuentro en un proceso de transformación,  y poco a poco he empezado a levantarme  de aquella silla a la que estaba atada y sin deseos de caminar, de vivir, de luchar.
Al  reflexionar a cerca de mi vida sin Jesús, me he dado cuenta de que era un completo  desastre. Pero hoy gozosa puedo ventilar al mundo que el Señor ha hecho de mi existencia algo hermoso,  motivo por el cual  también como aquellos que al unísono clamaron  una vez hoy hemos visto maravillas,     ahora   tomo la vocería  para decir que no solo hoy he visto maravillas, sino que cada día veo las maravillas que el Creador hace en mi  vida. 
Para  terminar quiero decirte querido lector,  que habrá gran festín en el cielo el día que  tomes la decisión de ir en la búsqueda de tu salvación y empieces a saborear las delicias  de todo  lo que el Señor  puede hacer en ti. ¿Qué dices?





EL ODIO




  

No permitas que el odio entre en tu corazón. Si te hace coquitos desvía tu mirada.  Si te llama no lo atiendas, no te le acerques. !Aléjate! El odio es un virus venenoso que te ataca y te infecta.!No lo permitas! Tu corazón se llenaría de veneno. Es como la ponzoña de la serpiente que te ataca y no puedes hacer nada para defenderte. El odio es mortal porque matas con el todo lo bueno que hay en ti. Si le das cabida, tu vida cambiará; la luz en tus ojos jamás se verá brillar; tu sonrisa se marchará; tus labios solo pronunciarán  sandeces, injurias y lamentos. El odio te contagiará las manos de inmensos deseos de atacar, de exterminar lo que encuentras a la vera del camino.  . El odio es un enemigo temeroso, es el rey de la discordia, de los malos sentimientos,  de las malas virtudes y vive al acecho presentándose de diferentes formas, con diferentes atuendos para que los seres humanos lo acepten. No lo permitas. No lo permitamos. El odio solo desea acabar con el amor y su meta es convertir éste mundo en el peor de los infiernos. Quien alimenta el odio, arroja al fuego al propio corazón.

LA ENVIDIA


La envidia es el peor de todos los defectos de carácter, eso dicen. Pero más que un defecto pienso que es una grave enfermedad que muchos padecemos, una enfermedad espiritual que mancilla el alma. La envidia fácilmente nos roba la felicidad y va carcomiendo nuestros sueños y hasta nuestros huesos. El fin del envidioso es fatal, se convierte en un ser amargado, egoísta, incapaz de dar un paso por el camino del triunfo.
Si sentimos que estamos acariciando la envidia y dándole un primer lugar en nuestra vida, sería bueno que hiciéramos un alto en el camino, analizáramos y entendiéramos que este sentimiento tan vil no tiene razón de ser,  y que no podemos permitir que este virus venenoso siga contagiando nuestros corazones, corazones que únicamente debemos dejar contagiar del virus del amor. Recordemos que la palabra de Dios nos dice claramente: Tener amor, es no tener envidia (1a de Corintios 13;4). Eso significa que un corazón lleno de amor jamás podrá dar cabida a ningún sentimiento malo.

TODO LO PUEDO EN CRISTO QUE ME FORTALECE (Filipenses 4:13)


Hoy declaro que seguiré mi camino en busca de mis sueños solo confiando y esperando en el Señor Jesús. Porque él es mi fortaleza y me regocija pensar en que solo ÈL puede hacer realidad toda esta bandada de proyectos que ahora cavilan por mi mente. Aunque algunos opinen que soy exigente, que pido más de lo que debo,  yo les aseguro que con Dios todo es posible y voy feliz y confiada en  busca de todo lo que anhelo para mí y para los míos. Sé que me espera un arduo trabajo. Sé que se presentarán dificultades, quizás muchas; pero la idea es no dar un paso atrás, sino seguir firme con la plena certeza de que a mi lado va el que todo lo puede, y junto a Él izaré la bandera del triunfo. Segura estoy que grandes cosas vienen en camino,  y preparándome estoy para recibirlas con una sonrisa a flor de piel.


Porque todo lo puedo en Cristo que me fortalece es que vivo feliz y disfruto oronda mi trasegar por este mundo.

¡NO TEMAS!


¡Qué promesa más hermosa! No temas, yo te ayudo nos dice el Señor. Así que levantemos la mano para decirle adiós a los temores que nos impiden avanzar. Recordemos que hay mucho por hacer. No detengamos nuestros pasos. Dios nos está mostrando la escalera que nos conducirá hacia sus brazos. Subamos aunque muchos de sus peldaños nos hagan caer. Vayamos confiados en Cristo Jesús que con sus manos nos sostiene, nos anima y nos lleva a parajes maravillosos a disfrutar de sus bendiciones.